27/7/09

Habia una vez un rey que un dia descubrió que su esposa lo engañaba con otro hombre. A partir de esa experiencia decidió que todas las mujeres eran infieles. Poe eso se hacia llevar una mujer por la tarde, pasaba la noche con ella y al amanecer la mataba. De ese modo se aseguraba de que no lo engañaria. Ya no quedaban jovenes en el reino. Solo la hija del primer ministro, la Hermosa Sahrazade. Su padre mismo la llevó al palaxio, llorando desconsoladamente. Sahazade, en cambio, no sentia temor: sabia que tenia un tesoro tan valioso que le serviira para conservar su vida, para postergar su muerte. Su tesoro era el arte de contar cuentos. Mientras el rey le prestara atención, su vida estaría a salvo. Por eso Saharazade dejaba sus cuentos inconclusos al amanecer. Y el rey no la mataba ¿ Hay algo más desagradable que quedarse con un cuento por la mitad? "Cuando se termine el cuento la mato", pensaria el Rey. A la noche siguiente Sahrazade retomaba la historia. Si esta llegaba a su fin, inmediatamente comenzaba otra, que tambien dejaba inconclusa al llegar el alba. Y asi una noche y otra y otra hasta llegar a una mil una que, apra los arabes, es como decir muchísimas, infinitas noches. Llego una mañana en la que el rey ya no pensó más en matar a Sahrazade: estaba completamente enamorado; estaba, dicen algunos, curado de su odio por las mujeres. Porque también para eso, aseguraban los que saben, sirven los cuentos: Para sacarle el odio a un rey, para quitarnos las ganas de matar o de morir, para hacernos comprender sentimientos o ideas diferentes, para darnos consejos, para entretenernos.

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